Burgos y «Dora».

Hace un año presenté mi última novela –»Dora»– en Burgos (Ver primera entrada del blog). Hacerlo allí obedecía –más allá de mi naturaleza de burgalés– al hecho de tratarse de una novela que recreaba la ciudad como fondo de una historia; esta vez, de amor.

Deseaba hacer de Burgos una ciudad literaria, a la manera que otras historias habían dado nombre a los entornos en que se habían desarrollado. Incluso advertí que, siguiendo los pasos de los protagonistas, se podía realizar un recorrido turístico y sentimental. La portada –que retiraré en la próxima edición– recogía el paisaje familiar del Espolón con la figura airosa de la catedral al fondo.

La indiferencia con que fue recibida me sorprendió, a pesar del esfuerzo de los periódicos, y el que hizo servidor mismo de difusión por bibliotecas y otros organismos.

No creo que muchas ciudades cuenten con novelas en las que se recreen con tanta atención –mimo– sus espacios y gentes. En fin, apenas alcanzó a una treintena la venta de ejemplares. Alguien se lo pierde. Yo he puesto en ella todo mi saber de más de veinticinco años, y es de esperar que uno entienda de qué va la literatura. Ha pasado ya la hora de las falsas humildades.

IN MEMORIAM

Sirva esta evocación para recordar –y rendir un homenaje– a Jorge Villalmanzo, que hizo de presentador de la novela. Por circunstancias fatales, no pudimos comentar sobre la lectura que había hecho de ella. «Jorge, veo tu sombra cada vez que vuelvo a la novela. Con tu desaparición, te llevaste una parte de mí y de ella». El que manda en las cosas del hado (ese cobarde) tiene a gala llevarse a los hombres que más necesitamos.