Fotografía

Graphisms

Entiendo por grafismos aquellas composiciones en blanco y negro –y algún que otro color–, que puedan dar lugar a formas abstractas que el contemplador interprete a su manera. En su mayoría, están realizadas bajo la influencia del arte chino y japonés: las pinturas monócromas. Se trata de una pintura por la que he sentido desde antiguo una gran admiración: esa línea capaz de expresar pensamientos y emociones. Las imágenes están tomadas de un tipo de árbol –del que desconozco el nombre–, pero que puede encontrarse en cualquier parque. Quienes facilitan las composiciones de líneas son esas largas vainas que cuelgan del árbol todo a lo largo del otoño e invierno. Pueden interpretarse como paisajes extraordinarios; motivos vegetales; animales, y un largo etcétera… La imaginación puede apacentarse a su gusto.

El objetivo empleado es un Canon 100mm y otro 70–200mm. El contraste de luces ha de ser fuerte, por eso las horas mejores son las del atardecer.

Landscapes

Al hablar de paisaje nos referiríamos, en principio, al escenario natural, pero el concepto ha de abarcar también aquellos elementos arquitectónicos que se inscriben en un entorno natural o urbano, y donde éstos cobran, a veces, protagonismo, sin acentuar la singularidad de sus formas. En ese caso, tendríamos que hablar de arquitectura. Existen imágenes de difícil catalogación, que he preferido etiquetar como paisaje.

De esta galería son de señalar un grupo de imágenes que se concentran sobre un punto en lo que puede descubrirse una senda. He acudido a él una y otra vez en distintas estaciones; a la manera que lo hiciera Monet con sus almiares, o la estación de Saint–Lazare. Lo creo de belleza singular, al encontrarse en un punto alto que mira sobre el valle. Las luces de la neblina –que puede advertirse en algunas fotos–, me subyugaron la primera vez que me detuve en ese lugar; y he vuelto –y volveré– porque estos lugares acaban por convertirse en sagrados… Como lo hiciera Cezanne con la montaña “Sainte-Victoire” –su montaña mágica–.

En el mismo espíritu –y en otra serie de fotografías­–, el promontorio rocoso con la ermita en lo alto es fotografiado una y otra vez.

Los objetivos empleados fueron un Sigma 18–200mm y un Canon 70–200mm.

 

 

 

Flowers

Las flores han sido un tema recurrente; flores, en su mayoría, de un jardín de una casa de campo. Son flores de verano; más otras de primavera, como jacintos, tulipanes, narcisos… En unos casos, la prestancia de las plantas ha sido la razón de la imagen –con sus fondos, perspectivas, luces…–; en otros, se ha buscado formas que dieran la oportunidad de composiciones abstractas: han sido tratadas como vehículo de expresión… “¿He llegado a apropiarme de ellas? ¿O les he dado una dimensión nueva; tal vez, existencia?”

No soy amigo de la fotografía de flores fuera del medio natural en el que han crecido; como, tampoco, de la extracción de fondos por procedimientos digitales.

Un Canon macro 100mm ha sido el objetivo preferido para ellas.

Bodegones o still lifes

Estas imágenes están tomadas más como apuntes y ejercicios, que como fotos acabadas –algunas, lo están–. El bodegón permite una libertad absoluta, y de ahí su dificultad.

En su mayoría, se trata de frutas y verduras en diversas combinaciones con vistas a resaltar la textura en unas; el color en otras; las líneas, en las de más allá.

El juego de luces es aquello que da vida a un bodegón. Luces naturales para las que es necesario esperar el momento. Aprender a controlar la luz y, por ende, descubrir la manera en que acaricia las formas es uno de los entretenimientos más sugestivos y baratos. La luz natural, además, siempre depara sorpresas; no es predecible, como la artificial, ya se trate de flashes, luces incandescentes, halógenas, etc…

Para servidor, lo mismo que la no manipulación de la imagen, el respeto a la luz natural constituye un elemento ético. En el bodegón y el retrato, en particular. Nos hemos acostumbrado de tal manera a la luz artificial que ya no acertamos a percibir su artificio; la confundimos, muchas veces, con la luz natural. Sólo hay que observar las intensidades y el modelado de las formas, aunque se haya disparado la batería mejor controlada de flashes. Es más, la luz natural da una profundidad a los objetos –no digamos a las miradas– que los otros medios no alcanzan.

Como ejercicio de recreo visual –es decir: puesta la cámara de la mente en disparo continuado–, la observación de la luz nos acerca a la esencia de las cosas –¿qué otra cosa son (somos) sino luz?–. Habrá que estudiar este fenómeno en el contexto de la literatura, desde la manzanita “endemoniada” de Eva –que nos ha traído aquí–, hasta los románticos que descubrieron estas cosas de las luces, las sombras, el espíritu, los paisajes del alma.

Las imágenes han sido tomadas, en su mayoría, con un objetivo Canon macro 100mm.

Rocks

Las rocas es uno de los motivos a que acudo con frecuencia, ya sea para subrayar la esbeltez de sus formas, como para “utilizarlas” con propósitos expresivos. Sus morfologías, tan peculiares a veces, se prestan a composiciones abstractas que seducen por la armonía de las líneas y la profundidad del color natural: esos amarillos, teja, sienas, rojos quemados… Naturalmente, dependiendo de las luces que las bañan a distintas horas del día. A veces, he creído descubrir en ellas realizaciones escultóricas mayas, indias, chinas; y por supuesto, románicas y góticas, como se podrá observar en algunas imágenes. Encontrada la debida composición, pueden constituirse en poemas gráficos: poemas de la luz.

Las imágenes han sido tomadas con un objetivo Canon macro 100mm y otro 70–200mm, a distintas horas del día; particularmente por la tarde –al crepúsculo–, el mejor momento para contar con los esplendores de los oros.

Insect-landscapes: their rites, delights, folly…

Las imágenes de esta galería tienen un carácter irónico; en el caso de los apareamientos de insectos.

No se partió de esta idea maliciosa, sino que, utilizando las recursos del macro, se pretendía captar a los insectos en su entorno visual; es decir, como si nos pusiéramos a su altura y disparásemos la cámara. Vi grandes posibilidades para el efecto “bokeh” (difuminado de fondos), y me dispuse a ello.

Lo sorprendente fue que, a la hora en que yo solía dirigirme al lugar, ellos, por razones tal vez de la intensidad del calor –eran casi las dos de la tarde en verano–, aprovechaban para aparearse, con una asiduidad y empeño que supera cualquier credibilidad humana: incluso seguían tal cual en el borde de los precipicios; o dejados éstos atrás, en el aire mismo mientras la hembra, desesperada –ha de suponerse–, se sujetaba como podía de la punta de una ramita. Más de un macho cayó al vacío ante mis ojos, pero no conservo imágenes; al fin y al cabo, ellos cuentan con alas, y nosotros las necesitaríamos de ángel… En dos fotografías, al menos, creo que posan para mí, y parecen saludarme con sus atrevidas antenitas.

Las imágenes están captadas con un objetivo Canon macro 100mm y mono-trípode. Desconozco el nombre de los volátiles, pero me cayeron simpáticos, y se encontraban en una forma envidiable.

 

 



Phantasmagoric cloudscapes

En esta galería se recoge una selección de las fotografías que realicé, a lo largo de un año, de fenómeno tan singular: la manera en que en las nubes se dibujaban paisajes, cuando no formas –abstracciones– que podían evocar figuras, gestos y actitudes humanas: violencia, expresiones de desgarro, fuerza, tensión emocional… Más o menos, lo que uno pueda plantearse ante un cuadro abstracto.

Las nubes no han sido, hasta los tratamientos digitales, algo fácil de fotografiar y de lo que sacar rendimiento; era necesario emplear filtros para la acentuación del contraste, tanto en la toma como en el procesado posterior. Con la llegada de lo digital, se ha hecho posible un control mayor sobre la imagen, que, en nuestro caso, ha supuesto solamente un medio de realzar los motivos; exceptuando las nubes, donde se han llevado los procesos de intensificación de la nitidez, el contraste y la saturación hasta casi sus límites; pero nunca haciendo violencia a los colores “que se hallaban en potencia”. Elementos como tintes, virajes, e incluso tratamientos por zonas, se han evitado, en lo que entiendo la ética fotográfica, referida al respeto a las imágenes. No sería partidario de estos procesos de intensificación, incluso, si las nubes diesen algo más por sí mismas, y no fuese necesario “pintarlas” –de alguna manera–; al igual que lo hicieran los renacentistas flamencos e italianos.

Aún le queda a uno la duda si no habrá pretendido, también, pintar con nubes.

Las imágenes, en su mayoría, están tomadas con un teleobjetivo Sigma 18–200mm. Debido a la longitud casi imposible del mismo para conseguir imágenes sin aberraciones cromáticas, podrán advertirse deficiencias –particularmente en el viñeteado–, que yo tengo por un recurso estético.